Anna y Luis: una boda llena de diversión

ACTITUD: esta sería el mejor adjetivo para esta pareja.

Sé que ha sido un año muy duro, ver como todos los proyectos e ilusiones se iban al traste no ha sido fácil para nadie, pero tengo que decir que desde el 13 de marzo, no ha habido día, semana, que Anna y Luis no nos hayan escrito para darnos ánimos, para decirnos que no perdían la esperanza y que de todas todas se casaban.

Viví con Anna como con ilusión recibió unos Manolos por su pedida de mano, sí, sí, unos zapatos, y es que… ¿a qué mujer no le gustan los zapatos? Más adelante, crearían su anillo de pedida a partir de unas piedras preciosas y brillantes que el abuelo de Luis, maestro joyero, le había regalado con mucha ilusión.

Así que, cuando llegó su gran día, no podíamos estar más emocionadas. La semana previa, no os engaño, fue un mar de incertidumbre interna en Eterna Prometida, analizábamos cada parte informativo, cada normativa, para ultimar de la mejor manera las adaptaciones pertinentes para llevar a cabo el evento con la mayor seguridad posible.

Tanto Anna como Luis vivieron los preparativos rodeados de sus familiares, disfrutando de los momentos previos. Anna, en su casa, compartía confidencias con su hermana y su madre; mientras, Luis y su familia, disfrutaban de un ágape en una de las terrazas de la vivienda de la finca El Llimonar, donde celebraron la boda.

La llegada a la iglesia, entre medidas de seguridad, fue emocionante. Hacía un sol vertiginoso y, sin embargo, tanto Luis como Anna llegaron inmensamente felices. Anna con un diseño de Vicky Martín Berrocal para Victoria sorprendió a todos con su velo majestuoso. ¡Tengo que decir que me emocionan cada vez más las novias veladas!

La ceremonia estuvo amenizada por un coro de más de 20 personas. Fue algo memorable. Creo que fue la guinda perfecta para hacernos olvidar los momentos tan duros que estábamos viviendo, haciendo que el amor primara frente a todas las cosas.

La finca elegida para celebrar fue la Finca el Llimonar situada en Alicante. Un entorno mágico lleno de vegetación que, junto a sus propietarios, nos puso realmente fácil, crear el escenario de este día tan especial. De la mano de Chitina, flores y decoración conseguimos recrear las ideas con las que, meses atrás, soñábamos en nuestras reuniones en la oficina, ideas que bocetábamos de la mejor manera para plasmar todo detalle posible para que todo fuera perfecto.

La entrada de los novios fue uno de los momentos más esperados. Los invitados los esperaban por grupos, en sus mesas específicas, numeradas para conseguir no tener aglomeraciones de invitados, tal y como marcaban las medidas de seguridad; veían como iban accediendo entre confetis de colores a nuestra parejaza y sonaba de fondo Sweet Caroline de Niel Diamond.

Iba cayendo el sol, y poco a poco la carpa tipi iba adquiriendo protagonismo. Desde lejos se intuía que algo especial estaba pasando dentro.

El espacio se transformó por completo. La recepción de la carpa con unos bodegones a ambos lados, creaban unas zonas de estar muy acogedoras.

Las mesas, inundadas por una vegetación maravillosa con tintes de luz cálida, de la mano de The light time- Ledilux, no parecían estar demasiado separadas entre sí.

Conseguimos crear un ambiente cercano y próximo que tanto nos preocupaba frente a las medidas de distanciamiento social.

Era importante configurar un espacio agradable. Para Anna y Luis era muy importante sentirse como en casa, rodeados de sus más íntimos. Creamos una diferencia de texturas maravillosa combinando mesas de madera redondas vistas y mesas manteladas cuadradas, con una paleta de color intensa, con verdes, azules y grisáceos. Tonos empolvados como el rosa, endulzaban la composición floral de las mesas.

La tranquilidad de la cena se rompió en dos momentos clave. Por un lado, el momento de la entrega del ramo a Patricia, la hermana de Anna. Una niña maravillosa, que al igual que su hermana y su cuñado nos ha mostrado su cariño en todo momento. Rompieron a bailar con “Qué bonita es esta vida”  de Jorge Celedón, baile al que se sumó su padre. ¡ Ahora entiendo yo tanta arte!

Antes de desvelaros el segundo momento, tengo que decir que siempre, los chicos, están muy preocupados por el momento del baile nupcial, bueno y a veces las chicas. Pues tengo que recordaros, que todos aquellos que os acompañan ese día, son vuestros amigos, familiares, y no tenéis porque preocuparos o tener vergüenza.

Esto es lo que el día de antes, comentaba con Luis. Que preocupado por no olvidar su coreografía, nos dejó a todas boquiabiertas con ese ritmo y ese estilazo para bailar, Anna no podría haber encontrado mejor pareja que él.

Por último, y no por ello menos importante, el corte de la tarta fue un momento muy emocionante y divertido, ¡a las “fotos” me remito!

La noche fue a las mil maravillas por el magnifico desarrollo culinario de Montoro Catering, Pablo, Emilio, y el resto del equipo son unos maravillosos profesionales que tanto a nivel cocina como a nivel ejecución lo hicieron de 10. Estamos deseando volver a trabajar con ellos.

Y hasta aquí una de las bodas en tiempos de Covid-19, solo puedo decir que GRACIAS a Anna y Luis por darnos uno de los días más bonitos de este año. Muy pronto tendréis en nuestro perfil de Instagram el video de su boda que os aseguro os va a encantar.

¡Un abrazo enorme!

Fotografía: Lorena San José